miércoles, 15 de octubre de 2008

IEC #12: Un vino de Otoño

Siguiendo la senda trazada para la duodécima edición de Iberoamérica en Cata, esta vez por Joan Gómez Pallarès, presento un vino que he elegido como mi vino de otoño por tres motivos:
- La época del año en que lo compramos
- La época del año en que lo hemos disfrutado
- Los recuerdos que nos trae de esas vacaciones otoñales con paseos por las Rias Baixas, la ruta de los molinos de Ribadeume, la laguna de Costoia... y tantos otros sitios dignos de ser disfrutados en Galicia.

Martín Códax fue un juglar gallego, posiblemente de Vigo, que vivió entre mediados del siglo XIII y comienzos del siglo XIV. ¿Quién le iba a decir que siglos más tarde le pondrían su nombre a la bodega más grande de la D.O. Rias Baixas? No estoy muy seguro, pero tal vez, este juglar escucho y hasta hizo sonar algún Organistrum.

Hace algo menos de un año, antes de empezar a escribir esta bitácora, Mi Cuadrilla y yo estuvimos unos maravillosos días visitando tierras gallegas. Además de probar algún manjar que nunca habíamos degustado (ostras, zamburiñas...), aprovechamos para regar esas exquisitas viandas, con los vinos más diversos, desde ribera sacra hasta albariño pasando, como no, por el nunca suficientemente apreciado vino turbio ribeiro.

Tuvimos la suerte de elegir una preciosa casa rural en el pueblo de Cambados a un pequeño paseo de las bodegas Martín Códax, referencia en cuanto a albariño para los no entendidos en el tema. Hay que reconocer que, además de la producción, algo bueno hacen en cuanto a su distribución, ya que todos conocemos esta bodega.
Después de una visita guiada de lo más amena, nos dieron a probar los vinos de D.O. Rias Baixas que se producen en Cambados. Entre ellos destacaron, y de qué manera, un albariño fermentado en barrica y otro obtenido de uvas botrutizadas, recogidas una a una.

Repito, casi ha pasado un año y hace unos pocos días, teníamos unos langostinos dispuestos para ser preparados al modo tradicional, a la plancha, con sal y limón, ¿para qué más? Teníamos que acompañarlos con algo y tuve que quitar un poco de polvo acumulado en una caja que rezaba "Organistrum Colleita 2005". Se trata de la botella 21013 de 29667, para los que aprecien este tipo de información. Tenía muy claro que ese era el vino fermentado en barrica de Martín Códax que habíamos comprado en la propia bodega por unos 18€.

Con 13º de alcohol y apto para ser consumido entre 11 y 12ºC, lo primero que observamos al caer el vino en la copa es que su color se difiere algo del albariño tradicional. Deja atrás el amarillo pajizo para devolver reflejos dorados, en un vino cristalino, sin impurezas. En nariz demuestra carácter cítrico (mandarinas), pero tiene ciertos aromas especiados que sacan a la luz la madera por la que ha pasado. En boca, aunque esperábamos un aguijonazo de acidez, 
resulta mucho más redondo, embaucador, dulce con un ligero amargor final, como diciendo que quiere permanecer en el tiempo. Trago muy largo, casi demasiado fácil de beber, que nos permite terminar con la botella a la vez que terminamos con el último de los langostinos. No se trata de un albariño al uso, por los que los puristas pueden mostrar alguna crítica, pero está bien que ciertas bodegas se olviden de vez en cuando del tema exclusivamente comercial y nos presenten estos detalles.

Por cierto, comprobé en casa que me queda una botella de Castillo de Ferfiñanes, también fermentado en barrica, comprado con ocasión del mismo viaje. No sé cuando, pero seguro que retomo esta entrada cuando alguna ocasión, especial o no, me sugiera abrirla y decida hacer una comparativa entre ellos. Seguro que nos sorprende.

4 comentarios:

J. Gómez Pallarès dijo...

Me gusta esta idea de asociar el otoño a un blanco o a un rosado (serán ya tres las aoprtaciones en este sentido) con madera. Le da un aire a un vino joven, como si, en efecto, hubiera llegado ya al otoñó de su vida.
Muchas gracias por la aoprtación, por otra parte de una bodega que tiene un alto nivel de calidad.
Saludos
Joan

El Vizcayno dijo...

La verdad es que es una casualidad que hayamos coincidido tres con el mismo tema.

Se puede decir que, en el caso de esta bodega, el tamaño no ha ido en detrimento de la calidad. Ponen cariño en cada cosa que hacen, desde su clásico albariño hasta los menos clásicos vinos que el grupo elabora en el bierzo.

Estoy ansioso por leer el resumen de esta edición de IEC.

Saludos

J. Gómez Pallarès dijo...

Tardará unos días, compañero...ando algo colapsaíllo!!!
Un saludo!
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

¡Que bonito es Galicia y que buenos vinos tienen! Solo hay que viajar hasta allí y probar, nadie imagina las sorpresas que esconden las bodegas gallegas.
saludos.